27 ago. 2013

Dejarlo todo.

Una vez alguien me explicó que el motivo por el que bebía alcohol es porque le embota los sentidos y le hace ver el mundo de otra manera, yo creo que le contesté algo de que le hacia ver el mundo borroso y doblado, pero de eso es otro tema.

Anoche yo necesitaba embotarme los sentidos, ver el mundo de otra manera, no porque estuviera tristes, ni alegre, simplemente porque lo necesitaba. Mi manera de embotarme los sentidos es recurrir a mi mente, dejar salir todos esos pensamientos que encarcelo cuidadosamente, todas esas memorias, esas conversaciones, o esas explicaciones lógicas que mi mente racional quiere hacerme pasar por las más aceptables para algo que no tiene explicación, como que yo deje un libro en la mesita de noche y cuando lo voy a coger este en el bolso, cuando no he salido de casa, pero eso también es otro tema.

Dejo salir todas esas cosas que podíamos catalogar como "diarrea mental", ¿por qué diarrea? Porque en su inmensa mayoría son pensamientos inconexos que te llevan a otros más oscuros y desalentadores en cuanto al proyecto futuro y próximo de continuar viviendo, una mierda en todo su esplendor.

Cuando ya no puedo más dejo aflorar eso que intento que nunca salga, a menos no de manera intencionada, las lágrimas. Muchas veces mi corazón se hace pequeño, me entran ganas de llorar, pero me las aguanto. En ocasiones como las de ayer, dejo que el corazón se me encoja tanto que parezca que va a desaparecer y no me aguanto las lágrimas, las dejo caer, que me nublen la vista y me ayuden a ver el mundo de otra manera.

Es un llanto desconsolado, catártico, purificador. Lloro hasta que me quedo dormida por puro agotamiento, con la respiración entrecortada, prácticamente sin fuerzas para secarme la cara, así que es mi almohada la que se encarga de absolverlo todo y soportarme en ese momento, es mi consuelo.

En estas noches tengo pesadillas, siempre, sin excepción. En la de ayer dos personas intentaban cortarme las piernas, creo que era porque mi mayor deseo de ayer era huir lejos y conocer cosas nuevas, gente, lugares, pensamientos... por eso supongo que soñé eso.

Lo bueno de noches así es que me levanto como nueva, agotada, pero como nueva. El llanto me limpia y la pesadilla me ayuda a ver que al abrir los ojos las cosas pueden ser mucho mejor de lo que te esperas, porque, ¿quién viviría feliz huyendo de dos personas con cuchillos grandes y feos que te quieren cortar las piernas estando tú consciente de ello? NADIE. Por tanto, una mañana en la que lo que tengo al lado de la cama son mis apuntes y una almohada mojada de lágrimas es mucho mejor. 

La verdad es que no veo el mundo de otra manera, simplemente dejo de ver el mundo, dejo de ver, dejo de sentir, dejo todo... me agoto y vuelvo a empezar, hasta la próxima noche. 


No es necesario estar triste para esto, yo no lo estaba, si algo estresada y amargada por estudiar.

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