13 ago. 2013

La nada que creaste.

Y sin más llegó, como el verano de este año, de un día frío a otro abrasador. Llegó y lo destruyó todo porque no quería que todo quedara como estaba, porque era demasiado bueno que la gente lo olvidase tranquilamente.

Destrucción, es mucho más fácil destruir que crear, no recuerdo donde lo leímos, además se que fue juntos porque discutimos sobre ello, tú decías que destruir es más fácil pero al final te aburre y yo te decía que es más difícil pero que al final le coges el gusto y se convierte en un hábito demasiado entretenido.

Y creo, a la vista de lo que hiciste, que quisiste comprobar por ti mismo cual era el argumento correcto.

Aún escucho la súplica que te dio, la mirada desconsolada de alguien que no sabe que es lo que esta ocurriendo... ¿cómo tuviste aquella sangre fría de volver la mirada y continuar? Hasta yo, que era una mera espectadora me estremecí de su grito.

Y es por eso que, cuando tu desapareciste llegó, calmó el caos y se fue de allí. Dejándonos a los dos solos, tu maldiciéndote y yo tratando de correr para huir antes de que te derrumbases, pero no fui lo suficientemente rápida y me pillo de lleno el ruido que hacías al romperte, y ya no me pude mover, ya no pude respirar, ya no pude hacer nada, quede allí tirada, mirando las gritas de aquella pared ruinosa por las que tantas veces vimos las estrellas, por las que tantas veces miramos la noche oscura mientras hablábamos del caos y la nada... esa misma nada en la que me convertí por ti.


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