31 ago. 2012

No voy a hacer nada para recuperarlo.

Me quedo observando como tus dedos acarician las teclas del piano y una melodía perfecta inunda la habitación. Me dejo llevar por la música, me abandono a ella, la dejo que se apodere de todo mi ser, de mi alma, de mi.

Pero algo no va bien, la melodía empieza a ser cada vez más rápida, las pulsaciones de tus dedos se suceden a una velocidad inhumana, y mi corazón, dominado por el ritmo, sigue el compás y se embala en una carrera endiablada.

Cada vez más rápido... me duele el pecho.
Cada vez más rápido... me cuesta respirar.
Más rápido... Se me cierran los ojos.
Más rápido... el corazón va a terminar saliendo entre mis costillas.
Y se... detiene.

Ya esta, ya ha terminado. Dejas el piano, tus manos se colocan sobre mi pecho y sonríes al no notar latido alguno.

Así es... me has robado el corazón y no he hecho nada para impedirlo... ya que desde hace mucho tiempo te pertenece, ya era hora de que lo reclamases y te lo quedases.

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